En muchas casas, la escena se repite casi a diario. Llegan los niños del colegio, toca merendar, descansar un poco… y aparece el momento de los deberes.

A veces van solos, otras veces cuesta más. Hay cansancio, prisas, extraescolares, trabajo, hermanos… y con toda la buena intención del mundo, los adultos entramos en acción.

“Venga, te ayudo.”
“Dame, que así acabamos antes.”
“Hazlo como te digo.”

Y sin darnos cuenta, cometemos el error más común al ayudar con los deberes: hacerlos por ellos, aunque sea solo un poco.

 

No se hace por desinterés, todo lo contrario.
Aparece por:

  • Falta de tiempo entre semana
  • Cansancio al final del día
  • Preocupación porque “no se quede atrás”
  • Ganas de evitar enfados o frustraciones

Pero cuando el adulto dirige, corrige o escribe por el niño, el mensaje que recibe es claro, aunque no sea intencionado:
“Yo solo no puedo” o “si me cuesta, otro lo hará por mí”.

¿Para qué sirven realmente los deberes?

En primaria y secundaria, los deberes no solo refuerzan contenidos. También trabajan algo fundamental:

  • Autonomía
  • Responsabilidad
  • Esfuerzo personal
  • Confianza en uno mismo

Si siempre hay un adulto resolviendo, explicando o corrigiendo cada paso, todo ese aprendizaje se pierde.

Entonces… ¿Cómo ayudar sin caer en el error?

La clave está en acompañar sin sustituir. Estar cerca, disponibles, pero sin coger el lápiz. Una frase sencilla que funciona muy bien es:

“Inténtalo tú primero y luego lo miramos juntos.”

Ese pequeño gesto transmite confianza.

 

Preguntar más y explicar menos

En lugar de decir cómo se hace:

  • “¿Qué te está pidiendo el ejercicio?”
  • “¿Por dónde empezarías?”
  • “¿Esto se parece a algo que hicisteis en clase?”

Pensar cuesta, pero es justo ahí donde se aprende.

Dejar espacio al error

Equivocarse forma parte del aprendizaje. Cuando un niño se equivoca y no pasa nada, aprende dos cosas clave:

  • Que puede intentarlo otra vez
  • Que no necesita hacerlo perfecto para avanzar

Esto es especialmente importante para que los deberes no se conviertan en un momento de tensión en casa.

Ayudar con los deberes no es hacerlos por ellos ni evitarles todas las dificultades.
Es acompañar, confiar y darles tiempo para aprender.

Porque más allá de terminar una ficha, lo importante es que nuestros alumnos aprendan algo que les servirá siempre: que son capaces por sí mismos.

5/5 - (2 votos)